pérdida de fe

¿Se está perdiendo la fe o solo está cambiando de forma? Lo que dicen los números sobre el futuro de Dios en Perú

Hace poco cayó en mis manos un informe del Observatorio Nacional de Prospectiva (CEPLAN) que pone sobre la mesa una realidad incómoda para muchos creyentes: los templos tradicionales se están vaciando, pero eso no significa que Dios esté desapareciendo de nuestras vidas.

Los datos son fríos, pero la lectura que debemos hacer quienes gestionamos proyectos de fe tiene que ir más allá del susto inicial. La religión en Perú no está muriendo, se está transformando. Y entender esto es vital si queremos seguir conectando con las personas en las próximas décadas.

Índice
  1. La foto actual: Menos herencia, más elección
  2. El fenómeno de creer sin pertenecer
  3. Proyección 2050: Un escenario diverso
  4. ¿Qué hacemos con esto?

La foto actual: Menos herencia, más elección

Si miramos atrás, a 1996, el panorama era casi monolítico. El 89,7% de los peruanos se identificaba como católico. Casi 9 de cada 10 personas. Era la norma, la tradición, lo que "tocaba".

Hoy la realidad es distinta. Según los datos consolidados hasta 2023:

  • El catolicismo ha bajado al 66,4%. Sigue siendo mayoría, pero la caída es innegable.
  • La iglesia evangélica ha crecido con fuerza, pasando del 4,4% al 19,7%.
  • Los "sin religión" ya son el 6,8%, cuando en los noventa eran prácticamente inexistentes (1,5%).

¿Qué nos dice esto? Que la fe ya no es una herencia que se acepta sin rechistar. Hoy la gente elige. Muchos están encontrando respuestas en comunidades evangélicas, más dinámicas y cercanas en ciertos sectores, mientras que otros deciden apartarse de las instituciones porque no encuentran en ellas la coherencia que buscan.

El fenómeno de creer sin pertenecer

Hay un dato del informe que me parece crucial para entender el futuro y que a menudo se pasa por alto: el auge de la espiritualidad no institucional.

Que alguien marque la casilla de "ninguna religión" en una encuesta no significa necesariamente que sea ateo. De hecho, el informe matiza que muchas de estas personas siguen creyendo en lo divino, pero rechazan la estructura eclesiástica tradicional. Buscan lo terapéutico, el sentido de vida y la conexión personal por encima del dogma y el rito repetitivo.

El reto para Legado de Dios y para cualquier comunidad de fe es evidente: la gente sigue teniendo sed espiritual, pero ya no se conforma con beber de cualquier fuente solo porque "siempre se hizo así".

Proyección 2050: Un escenario diverso

Mirando hacia el futuro, las proyecciones del Pew Research Center citadas en el informe dibujan un Perú distinto para 2050. Se estima que habrá 37,7 millones de cristianos, pero el grupo que más crecerá porcentualmente será el de los no afiliados (+53,5%).

Esto nos lleva a un escenario de pluralidad. Ya no viviremos en una sociedad donde se asume la fe del vecino. La convivencia entre católicos, evangélicos y personas sin adscripción religiosa será la norma. Y eso es sano. Nos obliga a dejar de dar por hecho la fe de los demás y a empezar a testimoniarla con hechos, no con inercia.

¿Qué hacemos con esto?

Si nos dedicamos a compartir el mensaje de Dios, estos números no son para desanimarse, sino para espabilar.

  1. La gente busca comunidad, no solo liturgia: El crecimiento evangélico demuestra que el acompañamiento cercano y la comunidad viva atraen.
  2. La coherencia es clave: La caída de la afiliación tradicional suele estar ligada a la decepción con las instituciones. La respuesta es la transparencia.
  3. El mensaje debe conectar: No podemos seguir hablando el idioma de hace 50 años a una generación que se hace preguntas nuevas.

La fe sigue siendo un pilar para el 80% de la población, que afirma que creer les ayuda a superar momentos difíciles. Ese es el núcleo que no cambia. La necesidad humana de trascendencia está intacta; lo que cambia es el envase. Y quizás, solo quizás, este zarandeo sea necesario para quedarnos con lo esencial.

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